domingo, 23 de diciembre de 2012

Una noche de mayo

Una noche de mayo, cuando el tiempo no era ni frío ni cálido, Lütüf caminaba por los muelles. Hacía un par de horas que el sol no se dejaba ver, y las escasas personas que vagaban por esos lares no eran las mas honradas de la ciudad. Lütüf, agena a la vida, calculaba minuciosamente sus pasos por el borde del muelle, un paso un poco más a la derecha le haría caer en las aguas, pero un paso algo más a la izquierda quedaba vacío de emoción. Las calles de Damasco iluminadas por el fuego de las antorchas brillaban llenas de colores. Las enormes alfombras en los puestos del mercado ahora recogidas, las multiples cristaleras en los edificios y los ropajes de los que, por ocio o por negocio, a estas horas seguían deambulando de aquí para allá hacían creer que el arcoiris dormía esa noche en la ciudad. Lütüf seguía concentrada en sus pasos, echando furtivas miradas a las mercancías de las barcas amarradas, sabiendo que esa noche nadie la esperaba en casa. A sus 19 años ya era una mujer bien formada, aunque su dulce cara que apenas aparentaba 16 le daba un toque dulce de niña de la casa. Siempre había sido algo rebelde, y nunca pasó por el aro de tener que vestir ropajes desde el tobillo hasta la cabeza, le gustaba dejar ver quien era y cómo su pelo negro jugueteaba con los tintineos blancos de la luz de la luna, la profesíon de su padre le evitaba problemas, pues ser la hija del jefe de la guardia tiene sus beneficios. Pero esa noche nada importaba, su madre había sido vapuleada hasta perder el conocimiento, su hermana pequeña acogotada contra la pared y su padre acuchillado varias veces. Su casa, lo que un día lo fuese, había sido quemada y ella, ella seguía viva, tubo la suerte de que esa misma tarde el príncipe la invitase a pasear por los jardines de palacio. Tubo la suerte de volver a su hogar para encontrarse los cuerpos de su familia en una casa que en cuestión de segundos se desplomó en forma de cenizas. La cabeza degollada le pesaba demasiado como para mantener el equilibrio, así que la tiró rodando por el suelo. Total, ese cerdo ya había recibido lo que merecía y ella se había cobrado su venganza, y total, ya no tenía pared alguna en la que colgarla. Seguía paso tras paso por el filo del muelle, hasta que topó con una pared. Lentamente levantó la mirada y contempló el muro fascinada, como si eso no pudiese estar ahí, aunque fuera como fuese, allí estaba, y ella no podía continuar hacia adelante. Dejó caer los brazos pegándolos a su cuerpo, y lentamente acarició desde su muslo hacia arriba desenvainando a la altura de la cintura una daga. La hoja estaba aun caliente y mojada en sangre de las entrañas de aquella mierda humana que le arrebató a su familia. Lentamente tumbó la hoja en horizontal, como con el miedo de que un liquido se derrame, y acarició esta con sus blancas ropas. Ahora la luna también jugaba en el brillo blanco del acero y desde su reflejo en el mar contenplaba paciente a Lütüf. "Es este mi destino" pensó la muchacha que con una respiración tranquila apuntaba ahora con el arma hacia su vientre. Mirando a la luna lentamente hundió la hoja en su vientre, notando un amargo placer de liberación mientras su sangre empezaba a fluir en regueros hacia el suelo. "Tuya siempre he sido y tuya seré ahora" murmuró Lütüf abriendo los brazos y dejándose caer de espaldas sobre el reflejo de la luna en el mar que ahora la abrazaba en su senoy poco a poco dejaba hundir su cuerpo para guardarlo en el fondo oscuro del oceano donde todas las noches el reflejo de la luna lo visita.

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